El diluvio más allá de las ventanas

Llegamos al final de “Una Forma de Vida”. Gracias por vuestro interés, por vuestros comentarios y, sobretodo, por vuestra paciencia (esto de convertir los relatos en capítulos tiene miga, lo sé…)

 

El diluvio más allá de las ventanas

Una Forma de Vida (y IV)

La enfermera refrescaba su rostro con un paño húmedo, había otra que ejercitaba sus extremidades y una tercera cambiaba su postura para evitar que el cuerpo de Mario fuera presa de las llagas.

“Todo irá bien”.

Mario volvió a cerrar los ojos. Su vida dependía de aquellas tres mujeres pero él tan sólo quería acariciar una vez más el rostro de Sofía. La añoraba. Deseaba volver a soñar con ella aún sabiendo que ya no iba a  estar allí. Un par de lágrimas asomaron a sus pupilas y se quedaron flotando en sus cansadas retinas.

– Tú… ¡la nueva! No te esfuerces demasiado, por más que masajees no les vas a devolver la vida a esas piernas inertes – la enfermera que seguía refrescando el rostro de Mario suspiró ruidosamente – Sofía, la que se encargaba antes se lo tomó cómo la única razón de su vida… y ya ves como acabó…

– ¿Como? – la chica nueva, recién licenciada, la miró con unos grandes y hermosos ojos azules que la hacían brillar con luz propia. Su gesto denotaba la preocupación propia de quien esperaba una respuesta que, por desconocida, podía llegar a ser peligrosa.

– La trasladaron a urgencias…

Se hizo un espeso silencio, como si aquel destino hubiese sido más un castigo que un premio para su compañera. Después, el mundo se puso de nuevo en marcha y cada una siguió con la rutina, espesa y cansina, que continuó, unos minutos más tarde, repitiendo cada una de esas tareas con el parapléjico que compartía la habitación de Mario.

Y él, encerrado en un cuerpo tan triste como su mirada,  se refugió en la hipnótica visión del goteo de aquel líquido amarillento.

Cerró los ojos y volvió a recorrer los pasillos de su vieja casa. Lo hizo acompañado por el rítmico sonido del diluvio, más allá de las ventanas. La lluvia arreciaba y regaba el viejo parque, verde y majestuoso,  el mismo en el cual Sofía le seguía esperando con una brillante sonrisa, invitándole a dar el último paseo debajo de su viejo paraguas.

– Te dije que no volvieses…

Hasta aquí esta historia… Prometo que no tardaré en compartir otras, entretanto, seguid soñando….

Gracias por leerme ^^

Pero no es real

Lo que son las decisiones, ¿verdad?

Pero no es real

Una forma de Vida (III)

Sofía suspiró – Ya me he ido, Mario, no debes volver a buscarme de nuevo. Ambos lo sabemos – Y cerró los ojos. Dejó que aquel purísimo aire que les rodeaba llenara sus pulmones de luz y supo que la vida jamás finalizaba. Nunca – Debes tomarte la Aspirina Mario, seguir viviendo…

Él pareció molestarse, se levantó de aquel banco, se alejó unos pasos y murmuró algo antes de dejar que sus palabras volviesen a flotar sobre aquel rincón del mundo.

– ¿Por qué insistes en que me tome el medicamento? – Su mirada se alejó de la de Sofía. Sufría, sufría porqué sabía que no había demasiada esperanza. En realidad, no quedaba nada a lo que aferrarse – Sé que estoy soñando, pero… ¿por qué no me dejas quedarme contigo?

Entonces Sofía asintió. Cerró sus ojos felinos y dejó que el mundo que les rodeaba mutase hacia otra realidad. Así, el parque se apagó, las hojas cayeron, el verde se hizo ocre, y el dulce aroma del cerezo en flor se convirtió en un olor agrio que provocó las náuseas de Mario. Y no se detuvo. El dorado de las hojas que caían degeneró hacía una espesa masa rojiza que ardía sin fin. Al fin, ella se levantó de aquel banco, se acercó a él y le rodeó entre sus brazos.

– Porque este es el final. Ha de serlo… ¿no lo entiendes? Tiene que ser así. Yo ya no seguiré aquí por más tiempo. No puedes seguir viniendo a buscarme. No debes hacerlo, no puedo seguir esperándote.

– Hazlo…

– Esto no es real, Mario, tan sólo es una forma de vida, pero no es real… – los ojos de Sofía se llenaron de lágrimas. Su alma empezó a brillar, una aura blanca silueteó su cuerpo e hizo más pálida y pura su piel – ¿No lo ves?… me voy. Tengo que irme… por favor, tómate esa Aspirina… deja que te cure…

Y Mario volvió a sentir que el mundo se cerraba sobre sí mismo. Todo se hizo oscuro. Abrió los ojos, con un sufrimiento inmenso, cómo si al hacerlo su propia piel se estuviera desgarrando. Después, bañado en un mar de lágrimas, contempló las mismas paredes tristes, las batas, la sonrisa forzada de una mujer que, vestida de blanco y con una gran cruz azul sobre su pecho, secaba el sudor de su rostro mientras le repetía, una y otra vez, que “todo irá bien”. “Todo irá bien”.

Pero él sabía que no. Que no podía ir bien. Porque no quería que fuera bien. Miró la botella que seguía goteando el maldito líquido amarillo, aquel líquido que le mantenía en vida. Y suspiró. Odiaba la vida. Odiaba aquella maldita vida que le castigaba a permanecer atado a una cama, pendiente de una gota de más, de una gota de menos.

Exhaló el poco aire que quedaba en sus pulmones.

La semana que viene el último de esta serie… lo prometo…

¿Recogerás mis lágrimas?

Gracias por estar aquí, por venir, por visitarme, por leerme… te dejo con esa segunda parte. Toda tuya.

¿Recogerás mis lágrimas?

Una Forma de Vida (II)

La vida, su vida, se había agotado hacía años. Hacía décadas, tal vez mucho más allá. De alguna forma ambos sabían que aquel instante tenía que llegar, era lógico, era lo único cierto que les había ido rodeando.

– ¿Recogerás mis lágrimas? – él dejó de mirarla. Sintió que en sus ojos había demasiado dolor, demasiado sufrimiento, y no era justo que ella tuviese que acarrear con aquel triste sentimiento de culpabilidad.

– Me las llevaré, en mi alma… las protegeré, reposarán para siempre conmigo…

Y se acabó. Fue en ese momento cuando Mario perdió el conocimiento. Él jamás hubiera sabido decir si fue algo físico o mental. Si realmente se desmayó o tan sólo se desconectó durante un lapso indeterminado de tiempo. Cuando volvió en sí se dio cuenta de que estaba sólo, y lo que era peor, conocía demasiado bien aquel lugar dónde se había despertado.

– Señor… señor…

Una voz femenina, algo molesta por lo nasal, le devolvió a la realidad.

– Señor.

A su derecha, colgando de una percha metálica, un extraño brebaje amarillento destilaba gotas que llegaban, directamente, hasta su brazo, justo hasta el punto en que sentía un profundo pinchazo hiriendo su carne. Recordó a Sofía, recordó aquella Aspirina que ella le pedía que se tomase. Otra sacudida recorrió sus nervios, subió a través de su espinazo y se depositó violentamente en la base de su cráneo. Un profundo amargor brotó a través de su cuello, ganándose espacio por la boca para acabar convirtiéndose en realidad convertido en una mancha violácea sobre las blancas sábanas de aquella cama.

– ¡Tiene otro ataque! ¡Avisen al médico! – a duras penas Mario conseguía escuchar los gritos y los nervios que llegaban de algún punto de su consciencia. Era extraño, ya no sabía qué era lo real y qué no. Ya no estaba seguro de si era cierto aquel mundo por el que estaba andando, aquel parque verde, aquel banco en el que Sofía le esperaba, con los brazos ligeramente recostados sobre sus piernas, si era real esa dulce e intensa mirada castaña, tirando a amarillenta, y la sonrisa que delataba que aquel era otro instante de felicidad. Único. Demasiado bello para ser real.

– Estoy soñando, ¿verdad?

– ¿Por qué has vuelto, Mario? – La voz de Sofía resonó pausada y nítida. Los pájaros sobrevolaban sus cabezas para detenerse en las ramas de todos los árboles que les rodeaban. Él hubiera jurado que había parejas sacando a pasear a sus mascotas, pasando cerca de dónde ellos estaban sentados y que era, incluso, capaz de percibir el perfume de aquel cerezo que parecía querer florecer de una vez por todas.

– No quería dejarte marchar.

Pronto la tercera parte… muy pronto…

Una forma de Vida (I)

Hace demasiado tiempo que no actualizo este blog y, por lo tanto, que no comparto con vosotros uno de mis relatos.

NoDeberíanPecar es una pequeña ventana abierta al mundo, uno de esos rincones minúsculos en los que las cosas suceden prácticamente sin que uno se de ni cuenta… quizás sea la magia de la escritura…

Os dejo la primera parte de este relato que se encuentra dentro de Mosquitos de Invierno… las demás irán llegando semana a semana.

Una forma de Vida

Dejó el sobre de Aspirina efervescente a un lado de la mesa justo delante de su mano derecha. En la izquierda sostenía el vaso a medio llenar que le había entregado Sofía. Sólo el silencio se permitía el lujo de estar más espeso que la cabeza de Mario. Y, sin embargo, ella parecía ajena a todo. Ajena a lo que estaba pasando por su imaginación. Ajena, también, a aquel mundo que se había detenido con aquella enfermiza brusquedad.

– Entonces… ¿estás segura? – él intentaba aparentar una calma que en absoluto sentía a pesar de que algo le empujaba a mostrase contenido, sereno.

Sofía suspiró profundamente. Sabía que aquella pregunta iba a llegar y por desgracia sabía que no quería contestarla. Aún así, asintió un par de veces antes de desviar la mirada hacia el bloque de pisos que se podía observar tras su ventana.

– Tómate la aspirina… – Alargó el silencio hasta que Mario dio el último trago a aquel líquido amarillento y gaseoso – te hará bien… –

No sabía cómo acabar con ese instante de forma rápida. Todo lo que ella necesitaba para empezar aquella nueva vida con la que tantas veces había soñado estaba más allá de aquella extraña esquina del salón en la que seguía recostada. Debía dejarle atrás.

– Ahora te irás, y ya está… – intentó controlar, sin éxito, el sollozo que acababa de nacer en su garganta convirtiéndose en una señal más de debilidad.

De repente la vida comenzó a agonizar fuera del mundo que ambos habían compartido. Sofía susurró algo, unas palabras que se hicieron imperceptibles en el silencio que les rodeaba. Mario no pudo evitar un gesto de tristeza.

– Es el único camino…- la mirada de ella se perdió en algún punto de su pasado, un punto inconcreto pero real en su recuerdo. Estaba allí, viva, y aquella sensación que llenaba sus pulmones de aire la reconfortó más que nunca. Debía volver a aquel instante – es el único camino. Y tú lo sabes, también…

Fuera llovía, de hecho diluviaba. Los meteorólogos apenas eran capaces de encontrar, en los libros de historia, algo parecido en el pasado. Pero a Mario y a Sofía tampoco les importaba esa realidad tan lejana al único mundo que existía para ellos. Ambos se habían limitado a encerrarse, en sus vidas, en su universo, pequeño, particular, eterno, esperando aquel final que no por menos conocido se hacía más fácil.

– Dios… hago todo lo que puedo para entenderlo – Mario suspiraba, triste, encogido, sintiendo que todo lo que les rodeaba se iba derrumbando segundo a segundo.

– Lo sé. Lo sé. Eres un buen hombre…

Más? estad atentos a vuestras pantallas…