“No mires atrás”

… Siempre hemos creído que conocemos todas las respuestas, y las gritamos a pleno pulmón como si fueran nuestros propios himnos generacionales… pero lo único cierto, lo único que mueve al mundo y que jamás tendrá una respuesta racional, es el amor…

Os dejo con la última parte de este relato. Espero que esta historia os haya parecido interesante… creo que el escritor que hay en mí se tomará un tiempo de descanso, tras esta sucesión de viernes literarios, así este blog de ficción os dará un respiro, no fuera a ser que os llegara a aburrir. En cualquier caso, gracias y hasta pronto…

No Mires Atrás (This May Be Your Last Chance y IV)

No. Bajo ningún concepto y por nada en el mundo iba a renunciar sin más. Quizás se había acabado la magia, tal vez jamás volvería ser como entonces, ¿pero qué más daba? Si realmente debía morir, quería estar allí, con ella.

Y se alzó. Se incorporó. Abrió lentamente sus ojos pero se sintió herido por un brillo cegador que se había adueñado de la habitación. Lloró. Quiso gritar, pero para cuando se dio cuenta, no había voz alguna que pronunciar. La carne ardía, su alma se estaba partiendo en pedazos, sus extremidades se habían quedado rígidas.

“No mires atrás”.

Juraría que Alma se lo había pedido, que se lo había advertido, pero ya no lo recordaba. Y sin embargo, aquellas tres palabras aparecían incesantemente en sus pensamientos, dibujadas en los labios de esa mujer de belleza pura y mirada angelical. “No mires atrás, Antón, por lo que más quieras, no mires atrás”. Sí, se lo dijo. Y quizás aquello era lo último que iban a escuchar aquellos oídos que estaban perdiendo ya los últimos reductos de una humanidad que desaparecía segundo a segundo.

“Ya no tengo hogar”. La frase se repetía una vez y otra, incansablemente, en la mente de Antón mientras aquella enfermiza rigidez se adueñaba de todo su cuerpo. Quiso implorar el nombre de Alma, suplicar una oportunidad, rezar para que todo cuanto estaba muriendo en él fuese a quedar para siempre allí, en la eternidad.

– No sufras, Antón… acabará pronto.

La voz de Alma llegó como un cálido obsequio en plena madrugada de invierno. Su alma, la de Antón, sonrió al escuchar aquellas palabras, y en un último esfuerzo titánico consiguió abrir por última vez sus ojos. Y con aquella última mirada, vidriosa, enferma, se topó con unos ojos que eran fuego, con un rostro puro, con una sonrisa de una bondad tan infinita como imposible.

– Todo acabó. Todo acabó… Deberías haberme obedecido, hubiera sido tan fácil, yo jamás habría vuelto, tú no sabrías por qué pero habría desaparecido de tu vida, y el silencio se habría convertido en tu mejor regalo. Pero no podías renunciar, no podías renunciar…

Una lágrima surcó la piel de una porcelana lisa y pura de Alma, pero se evaporó antes de alcanzar el final de la línea del rostro. Estrechó con fuerza, entre sus brazos, el cuerpo inerte de Antón y suplicó encontrar su espíritu allí donde su viaje la debía llevar. Si lo hallaba, si le hallaba, volvería a desafiar las leyes, costase lo que costase, convencida de que, finalmente, su señor, aquel al que le debía la vida y Antón la muerte, se apiadaría al comprobar cuanto, ambos, habían luchado por ese amor imposible, repleto de grandes sacrificios.

El fuego en sus ojos empezó a brillar con más fuerza. Detrás de ella la figura de mármol de Antón se había erguido con una mueca de dolor y tristeza que no iba a poder olvidar jamás. ¿Dónde quedó esa música? ¿Dónde quedó esa última oportunidad que tanto deseaba vivir como ser carnal?

Alma alzó sus brazos, elevó su mirada hacia aquel cielo que se abría con la albada de sus días, y dejó que sus alas volviesen a nacer en su espalda mientras sentía el calor de su hogar envolviendo todo su celestial cuerpo.

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Lo prometido…

Hoy es Sant Jordi… el mundo entero ha aprendido a celebrar, en esta Diada tan especial en Catalunya, la Fiesta del Libro, una jornada en la que nos prometemos leer todo lo comprado, en la que buscamos títulos, firmas, en la que compartimos la pasión por la literatura y la hacemos cómplice de las horas de nuestra vida.

Será porque me he dejado llevar por el espíritu de Sant Jordi (algunos, pocos, muy pocos, conocen uno de mis mayores secretos, vinculados al caballero, al dragón, y a cierta representación teatral en mi etapa escolar ^^); será porque os agradezco todas las veces que venís a este pequeño rincón para leer lo que os voy dejando, será –eso– gratitud o –aquello– alegría pura.  Será por lo que será… pero hoy os dejo un regalo, os dejo mi primera novela: “Los Ángeles No Deberían Pecar“, que no solo da nombre a este blog (y a “El Enigma de Adriana”) sinó que es mi pequeño tesoro…

Solo hoy, tan solo hasta las 00:00 horas de esta medianoche…

Oh! se acabó la diada, pero os doy las gracias a todas y a todos por la magnífica acogida que me habéis prestado en esta iniciativa… lo mejor de escribir: vosotros!!!!!

Hasta la próxima!!


La segunda de sus peticiones

¿Seguís leyendo?… muchas gracias… os debo un regalo. Tal vez si el 23, el día de Sant Jordi, os pasais por aquí encontraréis una sorpresa. ¡Ah! venid con un lector epub o pdf…

De momento os dejo la tercera parte del Last Chance ^^

La segunda de sus peticiones (This May Be Your Last Chance III)

Antón se volvió sobre sí mismo. Se levantó, suspiró profundamente y, en silencio, cumplió la primera de las voluntades de Alma. Le dio la espalda. Sintió como su corazón se estremecía segundo a segundo, sintió sus lágrimas aflorar y una lenta muerte inundando sus pulmones. ¿Era aquella la misma muerte que iba a apoderarse de su amada Alma? Durante unos instantes no quiso, ni pudo, apartar esa imagen de su memoria. Demasiado dolor. Demasiados recuerdos convertidos en un fracaso tierno que estaban acabando de celebrar. ¿Por qué no había conseguido hacerla feliz?, se preguntaba una y otra vez, ¿Tan difícil era?, ¿qué era lo que se había interpuesto entre ellos a pesar de todos sus esfuerzos?

Y entonces cumplió con la segunda de las peticiones.

Se agachó hasta estirarse boca abajo en el limpio, increíblemente limpio, suelo de aquella habitación. “Entonces cerrarás los ojos, y respirarás muy lentamente, tanto que incluso de dolerá el pecho, tanto que sufrirás y que creerás que lo más negro se cierne sobre ti. Pero solo serán unos segundos. Los necesarios”.

Y él obedeció. Sintió su voz ahogada en su espíritu, suplicando más aire, más vida, suplicando que abandonase aquel absurdo juego, que se diese la vuelta y se quedase cara a cara, mirada a mirada, vida a vida, frente a aquella mujer. Por Alma hubiera dado la vida. Y no hacía tanto, ya, de aquello, de tener la seguridad de que dependía de sus ojos más que de los de cualquier otra persona. Pero después se estropeó. Por ella, o por él, no sabría decir exactamente cuál era el motivo, sin embargo la magia desapareció como un castigo impuesto por una fuerza superior y que jamás conseguirían entender. En su lugar quedó un vacío, aquel mismo vacío que besaba en el frío mármol.

Hasta que la canción acudió a su mente “this may be your last chance”, se repetía, como si aferrándose a aquella última oportunidad de tenerla entre sus brazos, todo fuese a ser mejor, más real, más auténtico. ¿Qué otro destino podía querer si no era uno con Alma a su lado? No. No podía dejarla escapar.

La tercera petición era dramática. No se podía levantar, pasase lo que pasase hasta que la noche se hubiese esfumado y, en su lugar, un cálido sol dominase el cielo azul. Todo formaba parte de aquella extraña y dulce magia de su querida Alma, de aquel turbador encanto que tantas veces le había conseguido conquistar. De acuerdo, lo podía aceptar. Podía estarse allí, estirado, quieto, esperando que todo acabase, que aquella muerte más dulce que ella prometía realmente llegase de alguna forma, ¿pero entonces qué? ¿Qué le iba a quedar? ¿Qué sonrisas iba a pronunciar si su mundo entero se acababa deshilando bajo sus pies, todo mientras él no hacía nada por evitarlo?

“Y yo jamás volveré a abrir los ojos”.

Un lugar al que regresar

Segunda parte de “This May Be Your Last Chance”… ¿Dato curioso? creo que es mi último relato escrito… ¿o no?… me empieza a fallar la memoria, será cosa de la edad…

Todo vuestro:

 

Un lugar al que regresar (This May Be Your Last Dance II)

– Todos tenemos un lugar al que regresar, Alma.

Ella sonrió. Triste. Cansada. Derrotada por la realidad.

– No, no todos. Hay una muerte más dulce que esta…

– ¿Muerte?

– Sabes lo que quiero decir…

– Te juro que no.

Antón suspiró con una tristeza opaca. Alargó su mano y dejó que sus trémulos dedos acariciasen el joven rostro de Alma. Fue la última caricia. Quizás en aquel momento él todavía no lo sabía, pero era cierto. Jamás iba a volver a sentir su piel contra la de ella.

– Escúchame, esto es lo que vas a hacer…

La joven se acercó lentamente al oído y dejó que sus palabras llenasen lentamente el mundo de Antón. Él cerró los párpados, se dejó transportar por aquel aliento dulce que acariciaba su cuello y le permitía viajar al pasado. ¿Quién dijo que no era posible volver atrás?, quiso pensar, y de hecho durante unos tiernos segundos, alguna parte de su corazón creyó realmente en esa posibilidad. “Volvamos”, se repetía, “volvamos”…

– …y yo jamás volveré a abrir los ojos.

Entonces ella le devolvió a aquella triste realidad. No, no se podía volver, alguien se había encargado de borrar las huellas del camino y todo cuanto habían recorrido era ya tan sólo un fugaz pasaje en su memoria.

– No quiero que lo hagas…

– Antón, querido Antón, hay cosas que ya no puedes controlar.

Alma se levantó en silencio. Su frágil cuerpo se tambaleó contra la luz de la luna, reflejando en una de las desnudas paredes de aquella habitación una sombra deliciosamente tímida, una sombra que ya no era la que había sido hasta aquella noche.

– Escúchame, todos nos vamos, todos. La vida nos lleva, así, de esta manera, en sus brazos hasta que de repente nos deja caer. Es decisión nuestra aceptar ese momento o labrar nuestro propio destino…

– ¿Qué estás diciendo, Alma?

Ella suspiro intentando encontrar las palabras adecuadas.

– … que estoy enferma, ¿qué me queda? ¿A qué puedo aspirar, ya? No. No es esto lo que deseo, la diferencia entre tú y yo, es que tu todavía no sabes en qué momento la vida va a dejarte caer de su abrazo. Yo sí. Yo tengo una fecha escrita en mi historia. Una fecha que se labra segundo a segundo en mi espíritu.

 

This may be your last chance

Tengo algo que decir… me gusta escribir.

Cuando era pequeño descubrí que crear, y contar, historias era lo que realmente me apasionaba. En la escuela todos mis compañeros sabían qué querían ser de mayores, y cuando me llegaba el turno de responder a esa pregunta siempre guardaba un sincero silencio. ¿Creador de historias? Aquello no parecía una profesión… Con el tiempo comprendí que poner esas historias en negro sobre blanco era mágico, era lo que más me llenaba, que las palabras que se iban formando, lentamente, en mi cabeza no me pertenecían, porque eran parte de algo más, de algo mucho mayor, de algo que me trascendía de una forma que jamás llegaré a comprender… así empecé a escribir. Así he llegado a este día, comprendiendo que ser escritor no quiere decir, necesariamente, publicar (aunque ayuda), que ser escritor es una condición, una certeza que se construye incluso cuando no se es consciente de estar haciéndolo… ser escritor es querer compartir, por encima de cualquier otra cosa en el mundo, esas palabras, esas frases, esas historias que se forman, incansablemente, en mi imaginación…

Por eso hoy, de nuevo, os traigo otra de mis historias, al fin y al cabo es es el objetivo de este pequeño rincón en la blogosfera, ¿verdad?

Las próximas semanas vendrán nuevos capítulos… de momento, os dejo con la primera parte de “This May Be Your Last Chance”… escrito, sí, con música de fondo (aunque no os diré con cual…).

This May Be Your Last Chance (I)

Apagó las luces. Las apagó por un segundo, cerró sus ojos y dejó que aquello que le había iluminado durante años se fuese oscureciendo, lentamente, como un susurro que se apagaba en un triste silencio, hasta que las volvió a abrir para observar, en paz, la mirada de él.

– ¿Y qué va a pasar ahora?

La luna les observaba, expectante, desde algún rincón más allá de lo que pudieran comprender como su mundo.

– Nada. Nada que no deba ocurrir.

– ¿Por qué ya no la escucho?

Alma decidió no responder. Conocía las palabras exactas que tenía que pronunciar, pero se sentía incapaz de permitir que sus labios las pronunciasen. Allí, a su lado, un mundo entero cedía al peso de la realidad, de aquella realidad que se obstinaba en remover su ya escasa paciencia, su aún infinita mirada azul, perdida en el silencio del horizonte.

– No olvidaré esa primera vez, aquella música rondando mi mente, esos sonidos que parecían envolverme y regalarme una paz infinita. ¿Dónde está?

Era cierto. Había desaparecido de la misma forma en que cada silencio que crecía entre ambos no era, sino, otro reflejo del fracaso que estaban aprendiendo a afrontar. Primero fueron los besos, los besos dejaron lugar a los gritos, tras los gritos llegó aquel silencio, necesario, que había ensombrecido para siempre la música que les había llegado a acompañar.

– Vas a volver con tu mujer, supongo.

La voz de Alma se mantenía perfectamente serena, controlando cada una de las emociones que debían querer poseerla pero que eran incapaces de dominarla.

– En tal caso, tú deberías hacer lo mismo.

– Yo no tengo hogar.

Silencio. De nuevo ese incómodo silencio que decía demasiadas palabras, ninguna agradable, ninguna suficientemente confortable como para ser compartida de alguna forma. No había nada por lo que sonreír, nada por lo que llorar. Nada. Alma miraba al frente y veía la misma oscuridad que les había acogido hacía tan solo unas horas, pero lo que antes le parecía dulce, ahora era de un amargo incómodo a su garganta. A su lado, Antón, había cerrado ya sus ojos para evitar que aquellas imágenes siguiesen hiriendo sus recuerdos.

 

Uns altres colors

Per als que m’ho pregunten… sí, escric també en català… aquí en teniu un -altre- petit exemple ^^ :

Uns altres colors

… D’alguna forma, ell hauria volgut dir que aquell instant era màgic i és que es veia realment envoltat d’aquella subtil sensació que s’havia apoderat dels seus dits, de la seva ment. Tot mentre alguna part de la persona que encara era ja viatjava cap a un altre destí. Sí, hauria volgut dir que era un instant màgic…

– I la primavera què et diu?

… D’alguna forma, ell hauria volgut mirar a la dona que s’asseia al seu costat en aquell autobús que creuava la Diagonal de Barcelona, i haver estat capaç d’expressar-li tot el que omplia la seva ment, tot allò que feria la seva mirada. Però no podia, o no sabia…

– La primavera?

… D’alguna forma ella volia recuperar la certesa que l’havia abandonat. Hauria volgut pensar que tot era un estrany moviment d’anada i tornada, que sabia on començava però no on acabava, com si aquell trajecte en el seu 7 de tota la vida hagués fet un gir inesperat cap a un destí desconegut. Un gir que no era capaç de comprendre. Per això necessitava més…

– Sí. La primavera. T’envolta. Està per tot arreu… què et fa pensar?

… D’alguna forma, ell hauria desitjat poder tancar els ulls. Tancar-los amb molta força, sospirar i somriure. Tancar-los i despertar-se a qualsevol altre lloc, en qualsevol altre viatge. “La primavera?”, va pensar, “des de quan la primavera se suposa que parla?”, des de quan la primavera l’hauria de poder fer reflexionar? Però coneixia la resposta, estranyament, la coneixia…

– Que tot és un principi, però que al final s’acaba i torna a començar, amb uns altres colors.

… D’alguna forma, ella hauria volgut somriure. Se sentia satisfeta amb aquella reflexió que era, precisament, el que necessitava escoltar si bé sabia que ell ni tan sols s’imaginava què era el que acabava d’aconseguir. El món s’obria davant seu, les seves mirades buscaven un punt en comú més enllà de les grans finestres de l’autobús…

– M’agraden els principis. M’agraden els nous colors.

… D’alguna forma, ell també hauria volgut deixar-se endur. Pensava que la màgia seguia flotant, encara, esperant ser capturada més enllà de l’instant, més enllà del delicat somriure que ella li seguia dedicant, més enllà d’aquella parada que ja havien passat de llarg…